martes, 12 de abril de 2016

Aforismos (IV)


La capacidad para emocionarse con las más refinadas manifestaciones del arte y la de gestionar un campo de exterminio son perfectamente compatibles en un mismo individuo.

A menudo, eso que llaman "formación permanente" consiste en despreciar lo que uno sabe para ensalzar lo que uno olvidará.

Nietzsche nunca reparó en que la voluntad del Übermensch no tiene nada que hacer frente a un cuenco de anacardos fritos.

El mero hecho de estar vivo indica que uno merece vivir.

Sin el auxilio de las ciencias exactas, la historia cae en el mito. Sin el auxilio de la historia, las ciencias exactas conducen al apocalipsis.

El creacionismo es la mejor demostración de que los cristianos no saben perder con elegancia.

La frontera entre sufrir miedo y provocarlo es mucho más tenue de lo que se piensa.

Escaso mérito el de la bondad de aquel que no se involucra en nada.

El camino hacia el conocimiento profundo comienza por cerrar la boca.

Convertir un regalo en un reproche es una manifestación de mezquindad particularmente aborrecible.

La oración se convierte en aforismo solo si cuenta con un auditorio amable y aquiescente.


Ignacio Sánchez



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