domingo, 29 de mayo de 2016

Clicks (relato largo). Cuarta y última entrega.


La oscuridad cayó, por fin, en el exterior. Algo más tarde lo fue haciendo también en el interior. Los dos niños ya dormían, apesadumbrados en sus sueños por igual, el episodio del peinecito perdido metamorfoseándose en una oscura cicuta que se filtraba en las rugosidades de sus cerebros hasta depositarse en el ignoto rinconcillo de los complejos y las inseguridades pueriles que arrastran hasta su término las existencias humanas; las vidas corrientes de este y de aquel y del de más allá, normales solo en su común mutilación. En ese acuífero venenoso que se va acumulando en la mollera.

sábado, 28 de mayo de 2016

Clicks (relato largo). Tercera entrega.


A pesar de todo lo que se ha dicho, el interés del globo verde, del globo rojo y del globo violeta no se hallaba capitalizado por los muñequitos invasores en exclusiva. Ni siquiera en su mayor parte. Claro que sus groserías y su matonismo les resultaban curiosos, cómo no. Menuda gentuza que eran. Pero la amenaza que constituían los padres era de mucha mayor entidad. Por consiguiente, dirigían prioritariamente su atención hacia los dos adultos del domicilio, el hombre y la mujer vestidos de gris y de negro y de azul y de verde oscuros; los dos humanos serios y descomunales que podían acabar con ellos en cualquier instante.

jueves, 26 de mayo de 2016

Clicks (relato largo). Segunda entrega.


Debemos un admirable retrato colectivo de los nuevos muñequitos al arrojo del globo verde. No alcanzaba el volumen del globo violeta, eso ya lo sabemos, pero mantenía mejor la línea esférica. Podríamos considerar que estaba más en forma y que aún contaba con la salud suficiente como para desplazarse por su propia voluntad. Por lo menos en el ecuador de su existencia, cuatro o cinco jornadas después del Gran Día.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Clicks (relato largo). Primera entrega.


Solo unos globitos fofos y deshinchados se resistían a desaparecer. Eran tres supervivientes natos. Los mejores de una colorida estirpe de gloria efímera. El uno verde, con una carita pintada con mano temblorosa a la que la pérdida de aire de las últimas jornadas había ido amenguando hasta convertir en una cosa decididamente siniestra. El otro rojo, moribundo aunque a salvo, apenas una pelotita de golf gaseosa abandonada a su suerte tras el equipo de música hi-fi. El tercero violeta, el de mayor tamaño y peor aspecto, que asemejaba una berenjena con acné conglobata. Había sido martirizado en el Gran Día por un sinnúmero de retorcimientos, manoseos y patadas, pero aún estaba vivo. De chiripa, claro. Uno verde, otro rojo y otro violeta, los tres colores mucho más oscuros que el sábado, intensificados al tiempo que perdían parte de su volumen. Tres pobres testimonios de la bacanal infantil que allí había tenido lugar; en verdad, los únicos que quedaban.

viernes, 13 de mayo de 2016

Regreso a la infancia... más o menos (poema)


Hoy he regresado a mi infancia, a tu infancia, a la de cualquiera,
Más o menos.
Hoy mismo he regresado a ella más de diez veces.
Lo hice ayer y me temo que lo haré también mañana.

No quiero engañarte
Si eres uno de esos amables amigos del lirismo,
Porque no he vuelto a las primeras imágenes titubeantes
De un perro saltando junto a una pared mojada,
Ni al rugido de las olas del mar rompiendo frente a una llanisca de bronce.

No han reverdecido las sensaciones absolutas
De los juegos por siempre solitarios
De un hijo único
En un parque oblongo de Aluche
Con olor a pino y arena,
Ni el recuerdo de un aire tan puro y sencillo
Que solo existe mientras se desconoce que pueda estar envenenado.
Ni siquiera la memoria de un trance doloroso, una salvaje humillación,
Una inconfesable vergüenza.

Nada de eso.
Amigo del lirismo, no quiero confundirte;
Me caes bien.
Solo trato de agarrar tus párpados y subirlos como persianas
Y repito que no he regresado a la infancia de la forma que mejor conoces y descifras:
Con un olor transformado en impronta,
Un sabor de regusto paralizante,
O un paisaje anodino cuyo significado te solazas en descubrir.

No, no es esa linda vuelta a la infancia a la que me refiero,
Amigo,
Ni más ni menos.

Hoy he regresado a mi infancia, a tu infancia, a la de cualquiera.
Hoy mismo he regresado a ella más de cien veces.

De nada me han valido mis estudios, mis idiomas, mi bagaje.
El pueril brote que nunca se agosta hace que esto y aquello,
Absolutamente todo,
Doble la cerviz.

Frente a la emulación,
El dominio,
La envidia,

Frente a la satisfacción de cubrir con espléndidos ropajes los más absurdos alardes y condescendencias,
Frente a eso, amigo del lirismo,
El cerebral brocado ocultando la basta piel del animal,
No termino de elevarme.

Hoy he regresado a mi infancia, a tu infancia, a la de cualquiera.
Hoy mismo he regresado a ella más de mil veces.

Lo hice ayer

Y me temo que lo haré también mañana.

Ignacio Sánchez

miércoles, 11 de mayo de 2016

Retrato de dama con abanico (microrrelato)


No pudo identificar si era la madre o el hijo. Recordaba que los dos llevaban siempre el pelo largo y que por aquella época a él le había dado por ponerse los vestidos de su madre, tan llenos de volantes, cintas, encajes y flores. Aquellos ojos, rodeados de arrugas y trazados con apenas dos pinceladas, seguían ocultando el mismo enigma de siempre. Se imaginó la sala, ahora vacía, repleta por la mañana de críticos de arte y se preguntó cómo coño les iba a explicar que no sabía con cuál había compartido la borrachera que inspiró su obra maestra.


David Rubio